Vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo, enviada por Dios, arreglada como una novia que se adorna para su esposo.
Oremos:
Que noche y día estén abiertos tus ojos sobre este templo
Lectura del primer libro de los Reyes
El día de la dedicación del templo, Salomón, de pie ante el altar del Señor y en presencia de toda la asamblea de Israel, levantó los brazos al cielo y dijo esta oración:
Del salmo 83
¡Qué deseables son tus moradas, Señor de los ejércitos!
Mi alma se consume y anhela los atrios del Señor, mi corazón y mi carne retozan por el Dios vivo.
Hasta el gorrión ha encontrando una casa, y la golondrina un nido donde colocar sus polluelos: tus altares, Señor de los ejércitos, rey mío y Dios mío.
Dichosos los que viven en tu casa alabándote siempre. Dichosos los que encuentran en ti su fuerza, caminan de baluarte en baluarte.
Vale más un día en tus atrios que mil en mi casa, y prefiero el umbral de la casa de Dios a vivir con los malvados.
Se han acercado al monte Sión, ciudad del Dios vivo
Lectura de la carta a los Hebreos
Hermanos: Ustedes no se han acercado a un monte tangible, a un fuego encendido, a densos nubarrones, a la tormenta, al sonido de la trompeta; ni han oído aquella voz que el pueblo, al oírla, pidió que no les siguiera hablando.
Aleluya, aleluya.
Hoy ha llegado la salvación a esta casa
Ý Lectura del santo Evangelio según san Lucas
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús entró en Jericó, y al ir atravesando la ciudad, sucedió que un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de conocer a Jesús; pero la gente se lo impedía, porque Zaqueo era de baja estatura. Entonces corrió y se subió a un árbol para verlo cuando pasara por allí. Al llegar a ese lugar, Jesús levantó los ojos y le dijo:
Acepta, Señor, nuestras ofrendas y concede a tu pueblo, unido en la plegaria, recibir la gracia de estos sacramentos y el fruto de sus ruegos y deseos.
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Ustedes, como piedras vivas, entran en la construcción del templo del Espíritu formando un sacerdocio sagrado.Antífona de Entrada
Oración Colecta
Señor, tú que edificas el templo de tu gloria con piedras vivas y elegidas, multiplica en tu Iglesia los dones del Espíritu Santo a fin de que tu pueblo crezca siempre para edificación de la Jerusalén celeste.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.Primera Lectura
8, 22-23. 27-30
"Señor, Dios de Israel, no hay Dios como tú, ni arriba en los cielos, ni aquí abajo en la tierra. Tú eres fiel a la alianza que hiciste con tus siervos, y les muestras tu misericordia, cuando cumplen de todo corazón tu voluntad. Si ni el cielo infinito te puede contener, ¿cómo va a ser posible, Señor, que vivas en medio de los hombres y habites en esta casa que yo te he construido?
Pero ciertamente atenderás a la oración de tu siervo y a su plegaria, Señor, Dios mío, y oirás el clamor y la oración que tu siervo hace hoy delante de ti: Que noche y día estén abiertos tus ojos sobre este templo, sobre este lugar, del cual has dicho: "Yo estaré allí". Escucha la oración que tu siervo te dirige en este sitio.
Oye, pues, Señor, la súplica de este siervo tuyo y de tu pueblo, Israel. Cuando oren en este lugar, escúchalos desde el cielo, en donde tienes tu morada. Escúchanos y perdónanos".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.Salmo Responsorial
¡Qué deseables son tus moradas, Señor de los ejércitos!
¡Qué deseables son tus moradas, Señor de los ejércitos!
¡Qué deseables son tus moradas, Señor de los ejércitos!
¡Qué deseables son tus moradas, Señor de los ejércitos!Segunda Lectura
12, 18-19.22-24
Ustedes son han acercado al monte Sión, ciudad del Dios vivo, Jerusalén del cielo; a la asamblea de Innumerables ángeles, a la congregación de los primogénitos inscritos en el cielo; a Dios, juez de todos; a las almas de los justos que han llegado a su destino, y al Mediador de la nueva alianza, Jesús, y a la aspersión purificadora de una sangre que habla mejor que la de Abel.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.Aclamación antes del Evangelio
El cielo es mi trono, y la tierra, el estrado de mis pies, dice el Señor; ¿qué templo podrán construirme?
Aleluya.Evangelio
19, 1-10
"Zaqueo, bájate pronto, porque hoy tengo que hospedarme en tu casa".
El bajó enseguida y lo recibió muy contento. Al ver esto, comenzaron todos a murmurar diciendo:
"Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador".
Zaqueo, poniéndose de pie, dijo a Jesús:
"Mira, Señor, voy a dar a los pobres la mitad de mis bienes, y si he defraudado a alguien, le restituiré cuatro veces más".
Jesús le dijo:
"Hoy ha llegado la salvación a es ta casa, porque también él es hijo de Abrahán, y el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que se había perdido".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.Oración sobre las Ofrendas
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.Prefacio
Porque te has dignado habitar en toda casa consagrada a la oración, para hacer de nosotros, con la ayuda constante de tu gracia, templos del Espíritu Santo, resplandecientes por la santidad de vida.
Con tu acción constante, Señor, santificas a la Iglesia, esposa de Cristo, simbolizada en edificios visibles, para que así, como madre gozosa por la multitud de sus hijos, pueda ser representada en la gloria de tu reino.
Por eso,
con todos los ángeles y santos, te alabamos proclamando sin cesar:
[Misa]Antífona de la Comunión